¡Educación! ¡Educación! ¡Educación!

Ernesto Jimenez
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viernes, 09 diciembre 2016
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“La educación es el arma más poderosa que podemos usar para cambiar el mundo”. Nelson Mandela


El axioma de que la educación es la columna principal del desarrollo social y económico de una nación es aceptado y difundido por todos los organismos multilaterales e internacionales que abordan temas de cooperación y progreso. En República Dominicana también se ha llegado al consenso generalizado de que para avanzar institucional y económicamente es indispensable mejorar los niveles educativos de la nación. Por esta razón el gobierno destinará más de 140 mil millones de pesos el próximo año para el Ministerio de Educación, cumpliendo con el 4% del PIB (Producto Interno Bruto) que consigna la ley. Esto representa la mayor inversión en educación inicial y media de toda la historia.


Esa ingente inversión y la campaña propagandística en torno a la llamada “revolución educativa” es lo que a su vez ha provocado la reacción contrariada e inconforme de distintos sectores de la vida nacional, al observar los precarios resultados de nuestro país en el informe PISA 2016 (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) realizado por la OCDE (Organización para la cooperación y el desarrollo). En este estudio, que se presenta cada tres años, se pone en evidencia una carencia fundamental y conocida por todos en nuestro país: la baja calidad de la educación. 


El informe certifica las debilidades del sistema educativo dominicano en las áreas de ciencias naturales, lectura y matemáticas, colocándonos en los últimos lugares de los países analizados en el estudio, superando solo a Argelia, Kosovo, El Líbano y la República de Macedonia. Entre los precarios resultados alcanzados se destaca que el número de estudiantes dominicanos con bajo desempeño educativo supera el 70%, nuestros estudiantes no alcanzan ni siquiera el umbral básico de competencias científicasy tan solo el 1% de estos estudiantes alcanzan el nivel de excelencia establecido en el estudio. 


Por lo tanto, no es de extrañar que a raíz de este informe distintos sectores de la sociedad hayan expresado la siguiente inquietud: ¿Cómo es posible que luego decuantiosas inversiones estatales en educación (aproximadamente 500 mil millones de pesos en 4 años), salimos colocados entre los países con peornivel educativo del mundo? La respuesta es compleja y dolorosa.


Podemos empezar por resaltar que nuestro país tiene históricos rezagos estructurales, entre los que se encuentran una profunda y persistente desigualdad social, que lastra los progresos en materia de educación. El modelo económico privilegia y exacerba la desigualdad de ingresos, la cual es aceptada y tolerada como algo natural, sin darnos cuenta del terrible daño que hace al tejido social. Esta desigualdad se manifiesta como una desventaja inicial en el aprendizaje de los estudiantes que condiciona todas las demás dinámicas de nuestra sociedad, puesto que las familias más pobres no tienen la oportunidad de acceder a las mismas condiciones educativas de aquellos de familias adineradas. Y en esa dinámica los más vulnerables son condenados a vivir sumergidos en un círculo vicioso de marginalidad, criminalidad y pobreza.


También es importante señalar que el Estado no ha sido capaz de focalizar eficientemente los recursos dedicados a la educación. En estos últimos años se han concentrado cuantiosas inversiones en infraestructura, consumo, y logística de útiles y materiales cuando debieron enfocarlos en la columna troncal de todo sistema educativo: el capital humano.


Entonces, como decía Lenin, ¿Qué hacer? El coordinador del Informe PISA, Andreas Schleicher, brindó algunas claves bastante útiles, entre las que se encuentran: Enfrentar la desigualdad social, hacer la carrera de maestro económicamente atractiva, mejorar la formación docente, mejorar la enseñanza preescolar y enseñar a los jóvenes a pensar como científicos. Asumir esas recomendaciones es sencillamente fundamental para transformar el sistema educativo.


En definitiva, el informe PISA es una oportunidad para aquilatar cuanto falta por avanzar y también sirve como lección de humildad a las autoridades ante el enorme desafío que tienen por delante. Debemos avocarnos a una profunda revisión del modelo económico y educativo, para de esta forma cambiar el enfoque hacia políticas públicas que eleven la calidad de la educación y brinden mayores oportunidades a nuestros jóvenes. Ese es el camino que sentará las bases de una verdadera revolución educativa que impulse a nuestro país a lugares cimeros en la era de la innovación y el conocimiento.


 


POR ERNESTO JIMÉNEZ / El autor es economista y comunicador.


 


 

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