Textos prestados en San Valentín

Pablo Mckinney
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martes, 14 febrero 2017
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A Sonsoles y el mar. 
Desde hace 12 años, cada cierto tiempo yo publico esta carta en El Bulevar. Ella ganó, en 2004, el III Concurso Antonio Villalba de Cartas de Amor. Como Occidente es ya un inmenso club de divorciados o reincidentes en el “desolvido”, víctimas felices de amores impertinentes por imposibles, y poco más, aquí se la dejo, como regalo para ustedes y homenaje y forma de celebrar la fecha. Buen provecho (el vino va por la casa).     


LA CARTA:  “Estimada Cristina: Ayer recibí una misiva de tu abogado donde me invitaba a enumerar los bienes comunes, con el fin de comenzar el proceso de divorcio. A continuación te remito dicha lista (...)” 


COSAS QUE DESEO CONSERVAR: “1. La carne de gallina que salpicó mis antebrazos cuando te vi por primera vez en la oficina. 2. El leve rastro de perfume que quedó flotando en el ascensor una mañana, cuando te bajaste en la segunda planta, y yo aún no me atrevía a dirigirte la palabra. 3. El movimiento de cabeza con el que aceptaste mi invitación a cenar. 4. La mancha de rímel que dejaste en mi almohada la noche que por fin dormimos juntos. 5. La promesa de que yo sería el único que besaría la constelación de pecas de tu cuerpo. 6. El mordisco que dejé en tu hombro y tuviste que disimular con maquillaje porque tu vestido de novia tenía un escote “de palabra de honor”. Y 7. Todas las horas que pasamos mirándonos, besándonos, hablando y tocándonos. (También las horas que pasé simplemente soñando o pensando en ti)”.    


COSAS QUE PUEDES CONSERVAR: “1. Los silencios. 2. Aquellos besos tibios y emponzoñados, cuyo ingrediente principal era la rutina. 3. El sabor acre de los insultos y reproches. 4. La sensación de angustia al estirar la mano por la noche para descubrir que tu lado de la cama estaba vacío. 5. Las lágrimas que me tragué cuando descubrí aquel arañazo ajeno en tu ingle. 6. Jorge y Cecilia, los nombres que nos gustaban para los hijos que nunca llegamos a tener./  Con respecto al resto de objetos que hemos adquirido y compartido durante nuestro matrimonio (el coche, la casa, etc.) puedes quedártelos todos. Al fin y al cabo sólo son eso: objetos. Por último, recordarte el número de teléfono de mi abogado para que tu letrado pueda contactar con él. Afectuosamente, JPD”.


SOLO POR QUIEN MERECE AMOR. Y por la misma razón, aquí el texto de homenaje a la dignidad personal y la autoestima sana, que me enviara hace años un amigo lector e internauta: “Una bella princesa estaba buscando consorte. Aristócratas y adinerados señores llegaron de todas partes para ofrecer sus regalos. Entre los candidatos se encontraba un plebeyo, que no tenía más riquezas que amor y perseverancia. Cuando le llegó el momento de hablar, dijo: “Princesa, te he amado toda  mi vida. Como soy un hombre pobre, como prueba de amor... estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimento que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas... Ésa es mi dote”. La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar: “Tendrás tu oportunidad: si pasas la prueba, me desposarás”. Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada. De vez en cuando la princesa, con una sonrisa, aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas. Algunos habían comenzado a planear los festejos. Pero, al llegar el día 99, de pronto, cuando faltaba apenas una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la Infanta, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó del lugar. Días después, mientras deambulaba por un camino, un niño le preguntó: “Qué te ocurrió... Estabas a un paso de lograr la meta... ¿Por qué perdiste esa oportunidad? ¿Por qué te retiraste?” Con profunda consternación y algunas lágrimas, en voz muy baja, el joven contestó: “No me ahorró ni un día de sufrimiento... ni siquiera una hora... No merecía mi amor...”. 

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