Algo está cambiando

Pablo Mckinney
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viernes, 03 marzo 2017
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ENTONCES, OCURRI”


Por primera vez el tema de la corrupción es una de las principales preocupaciones y motivo de indignación de una parte de la ciudadanía y, lo más importante, sin que medie una gran crisis económica en el país, lo que resulta esperanzador. Tradicionalmente, la indignación popular y la militancia ciudadana estaban relacionadas con nuestras graves crisis económicas en su expresión político-institucional. Así, cuando en abril de 1984 la gente regresó de su largo fin de Semana Santa y se encontró con los efectos del acuerdo stand by con el FMI, explotó de indignación, y el gobierno no supo qué hacer salvo, cuando ya era tarde, lanzar la guardia a las calles, todavía no terminamos de contar los muertos. Así, las crisis políticas de 1990 y 1994 si bien tuvieron su expresión en el hartazgo de los ciudadanos por las trapacerías del entonces presidente Balaguer en contra de Bosch primero y luego en contra de Gómez, en el centro de estas estuvo siempre la crisis económica de esos años, con el desabastecimiento y aquellas filas interminables de entonces; por no hablar de la crisis financiera de 2003, que por primera vez lanzó a las calles a las clases medias del polígono central del Distrito Nacional, “moraítas de indignación”, pero eso sí, sólo cuando la falta de regulación bancaria estalló en las manos de las autoridades, y luego de cuarenta años de quiebras bancarias de todos los colores, familias, partidos. Sin esa crisis financiera, posiblemente, la indignación popular y el rechazo al gobierno de entonces no hubiese sido tal y andaríamos todavía padeciendo los chistes malos de don Hipólito.


UNA BUENA NUEVA.


Estable la macroeconomía del país, disminuida la pobreza extrema y la pobreza a secas, mejorados y ampliados los servicios y la cobertura de salud, como los de Educación y protección a la niñez; o sea, sin ninguna crisis económica golpeándole el bolsillo, andan ahora miles de ciudadanos lanzados a las calles, copando los medios y las redes sociales en protesta por la sempiterna corrupción y la impunidad que no se acaba. Entonces, algo está cambiando, y sin necesidad de una crisis económica que la explique. Es cierto que una firma en verde, dos verdes plantadas y tres caminatas color cotorra son apenas un avance, un feliz anuncio del surgimiento de una mejor y más militante y responsable ciudadanía. Pero algo está cambiando, y qué bueno. Tal que, presionado por todos los frentes, incluido el propio, el gobierno va reaccionando a las evidencias de indignación y coraje ciudadanos, y “paso a paso” como Pavel (que ya no me canta “Te di”, por ahorrarme las nostalgias) van llegando las buenas nuevas, las comisiones que encabeza Flavio Darío Espinal o Gustavo Montalvo, y con ellas llegan las conclusiones que deben mover acciones. Y las cosas van ocurriendo. A regañadientes, y hasta con “bembita” y truño de algún deslenguado demorado que no mide las palabras, “monta un circo y le crecen los enanos”, y todo por culpa de su ignorante maledicencia y sus resentimientos.


“AQUELLOS POLVOS Y ESTOS LODOS”.


El PLD debe saber -porque esa es la señal que le está enviando parte importante del país, incluidos muchos de los que en mayo le votaron- que la estabilidad económica no basta, como no bastan los exitosos programas sociales, los innegables avances en la educación donde ya ni siquiera es noticia la inauguración de tres escuelas en cualquier provincia, o el aumento en la cobertura de salud  que con sus deficiencias ya cubre a siete de cada diez dominicanos, como no basta que los ejes fundamentales del servicio público (maestros, médicos, guardias y policías) hayan visto mejorar sustancialmente sus condiciones laborables con relación a 2004, por ejemplo. Pero no basta. El sistema de corruptos y corruptores que familias, políticos y empresarios comenzaron a montar a partir del 30 de mayo de 1961 como a las once, ha tocado el fondo. Lo desmontamos hoy, o nuestro mañana será tan mentira que nos negará el futuro. Como sociedad, no podemos imitar al Sabina y negarlo todo...“aquellos polvos y estos lodos”.

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