Política monetaria en un país de capitalismo tardío

Ernesto Jimenez
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lunes, 13 noviembre 2017
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La estabilidad monetaria es el factor condicionante. El crecimiento económico es el factor condicionado. Y no lo contrario”. Franco Modigliani


Quienes visitan el Museo Numismático y Filatélico del Banco Central de la República Dominicana podrían llevarse la errónea impresión de que en este país la emisión de monedas y billetes tuvo como respaldo una política coherente y calculada desde el mismo nacimiento del Estado dominicano, en 1844. Eso en cuanto a los que visitan esta importante sala de colección histórica, pero aquellos que ni siquiera se han tomado la molestia de pasar por sus instalaciones, no tienen idea del tortuoso camino que ha recorrido la Patria de Duarte, para tener moneda propia con respaldo real.


El profesor Juan Bosch, en su libro “Capitalismo Tardío en la República Dominicana”, arroja luz en este sentido, al señalar que desde la creación del Estado dominicano se buscó establecer una moneda nacional. Sin embargo, durante muchos años esto no fue posible, debido a que el país no contaba con el suficiente desarrollo económico e institucional que permitiera lograr dicho objetivo. En esta obra, Bosch es enfático en afirmar que la República Dominicana es un país de capitalismo tardío, en el que por mucho tiempo no existió el grado de desarrollo capitalista que permitiera fortalecer las instituciones demócraticas, y mucho menos, establecer una clase burguesa consciente que asumiera control del Estado.


Era tan grande el atraso en que vivía el pueblo dominicano en sus primeras décadas de existencia que, durante todo el siglo XIX y principios del siglo XX, el Estado no tenía ni siquiera la capacidad de acuñar una moneda propia, y las papeletas que emitía no tenían respaldo ni credibilidad alguna ante la población. Principalmente, porque cualquier gobernante de turno, legítimo o no, invalidadaba la emisión del mandatario anterior, y procedia a crear su propio billete sin valor.


En tiempos tan cercanos a nivel histórico, como 1930, el país aún no contaba con una institución financiera propia ni poseía una moneda nacional y, como muestra descarnada del escaso desarrollo económico imperante, cabe señalar que para ese año, las importaciones de la nación - medidas en dólares estadounidenses -  eran de menor valor que las de Cuba en 1793.  Lo que significa, que 145 años despues, en pleno siglo XX, la República Dominicana no habia alcanzado el nivel de compras de mercancías al extranjero que poseía la colonia cubana del siglo XVIII. Este alto grado de atraso económico explica, entre otras razones, el eterno estado de convulsión social y política en que vivía el país, pues como enseña el materialismo historico de Marx: “lo material determina lo social”.


El aciago e inestable panorama económico dominicano empezó a cambiar rotundamente a partir de algunas medidas estabilizadoras que incentivaron el comercio en la 1ra. intervención estadounidense (1916-1924) y, en especial, durante la  dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina (1930-1961). Este sátrapa pacificó a sangre y fuego la nación, y rápidamente se convirtió en el armador de una mafia económica monopólica en donde él era el principal accionista. En consiguiente, desde la perspectiva del dictador, es lógico entender la conveniencia de dotar al país de instrumentos financieros que le permitieran manejar a su antojo la política monetaria en beneficio propio. Por esta razón, el tirano envió al Congreso de la República, el 12 de febrero de 1937, un proyecto de ley destinado a crear una nueva moneda nacional para sustituir al dólar estadounidense como moneda de curso legal.


En 1941, el gobierno de Trujillo fundó el Banco de Reservas, el cual quedó organizado sobre las estructuras del National City Bank. Este banco es fundamental en la historia de la economía nacional debido a que fue el primer banco de capital eminentemente dominicano. Con este banco y posteriormente con el Banco Agrícola (1945), el dictador contó con instrumentos de crédito, garantizados por el Estado, para financiar sus proyectos monopolísticos en moneda local, la cual él mismo había creado.


De esta manera, la desafortunada historia de emisiones monetarias arbitrarias, garrafalmente incoherentes y sin sustento técnico, inicia su etapa final; en especial, luego de la creación, en 1947, del Banco Central de la República Dominicana. Pues esta institución, fundamental para cualquier país capitalista, permitió a la ciudadanía, por primera vez en la historia republicana, contar con un ente regulador de la política monetaria del Estado. Sin embargo, es muy relevante señalar que, este instrumento financiero fue fundado 102 después de la declaración de independencia, lo que de por sí, es un irrefutable indicador del terrible atraso en el que, durante más de un siglo, vivió el pueblo dominicano.


 


Ernesto Jiménez / El autor es economista y comunicador

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