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Ernesto Jiménez
Economista y Comunicador social.

¡Lecciones económicas urgentes!

agosto 10, 2018
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“La Economía se halla asediada por mayor número de sofismas que cualquier otra disciplina cultivada por el hombre”. Henry Hazlitt

En el ámbito económico, político y social existen múltiples mitos y creencias que marcan determinantemente la vida de los pueblos. Lamentablemente, muchas de estas concepciones se amparan en falacias y sofismas que, al haber sido forjadas a lo largo de siglos de experiencias compartidas, han formado fuertes raíces que a la postre resultan muy difíciles de remover del imaginario colectivo.

Estas ideas erradas suelen ser más preponderantes en materia económica, debido al irrefutable peso que tiene la economía en la vida cotidiana y, muy especialmente, porque estas teorías usualmente están avaladas por intrincados constructos matemáticos y teóricos. En consiguiente, no obstante la evidencia empírica o la muestra incontrastable de la realidad, los grupos de poder beneficiados por dichas creencias nocivas consiguen imponerlas en gobiernos, empresas y sociedades a nivel global. Es más, se podría decir sin temor a equivocarse que, no existe Estado en el mundo cuya política económica no esté influenciada por alguna falsa premisa.

Por esta razón, resulta siempre interesante observar como muchos “hacedores de políticas públicas” intentan desmarcar sus planteamientos de ideologías o teorías que, al final de la jornada, terminan incidiendo determinantemente en su accionar, inclusive, cuando ni siquiera ellos se han dado cuenta. Esto quedó brillantemente esbozado por el economista británico John Maynard Keynes, cuando aseveró que “los hombres prácticos, que se creen exentos de cualquier influencia intelectual, son usualmente esclavos de algún economista muerto”.

Ciertamente, sería injusto fustigar a estos personajes por sus prejuicios doctrinales, arraigados a través del tiempo y templados a la luz del pensamiento de influyentes escuelas económicas. Al fin y al cabo, todos los hombres son vulnerables a estos defectos. Sin embargo, aquellos que consideran que están en condiciones de aportar ideas al debate económico deben hacerlo, en especial, si éstas van dirigidas a desmitificar algunos perniciosos planteamientos que han persistido por largas décadas.

Dentro de estos sofismas y creencias económicas que influencian la forma en que concebimos las dinámicas del Estado, los mercados y la sociedad, la más extendida y quizás la más peligrosa es la visión del gobierno como una fuente de creación y posterior distribución de riquezas. Esta es, probablemente, la principal y más terrible desviación conceptual del papel del Estado en la economía, la cual, cuando ha sido llevada a la práctica ha conducido a numerosos pueblos del mundo por senderos de pobreza y esclavitud. Por eso, nunca puede ser considerado un ejercicio baladí, repetir una y otra vez que, la producción de riquezas es función exclusiva del sector privado y que, en toda la historia de la humanidad, el sistema más eficiente para libérrimamente crear riquezas es la economía de mercado.

 

Otra falsa creencia, muy extendida en distintos ámbitos políticos y sociales, es que la tecnología destruye puestos de trabajo. Esto pareciera ser un planteamiento lógico, sobre todo, en sociedades pobres con escaso desarrollo material, que viven atrapadas bajo aquel axioma de Friédéric Bastiat, que enseña como suele observarse el resultado a corto plazo, pero pocos ven las consecuencias a largo plazo que, usualmente son las más importantes. Esto así, porque a corto plazo es fácil percatarse que una nueva invención le permite a un solo hombre realizar el trabajo de diez; sin embargo, no suele observarse que el incremento en la productividad originado por estas novedosas invenciones se refleja en una reducción de los costos de producción, lo que a su vez, provoca menores precios que a la postre generará un aumento de la demanda que, finalmente, incentivará a los emprendedores a crear más empleos y más negocios; formando así un círculo virtuoso que prohíja mayores niveles de prosperidad.

Estas razones, entre muchas otras más, justifican la redacción de escritos como este, cuyo objetivo principal es orientar a quienes no tienen amplia formación en ciencias económicas, sobre temas urgentes para el desarrollo material de la sociedad. En especial, porque el desconocimiento de estas ideas esclaviza en la ignorancia la conciencia de los pueblos y limita sus futuras posibilidades de progreso y bienestar.

 

Ernesto Jiménez / El autor es economista y comunicador.

 

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