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Ernesto Jiménez
Economista y Comunicador social.

Una economía de bajos salarios

octubre 18, 2018
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“Ya los barcos negreros no cruzan el océano. Ahora los traficantes de esclavos operan desde el Ministerio de Trabajo. Salarios africanos, precios europeos”. Eduardo Galeano

El salario es la principal fuente de ingresos de la mayoría de los trabajadores dominicanos. Este tipo de remuneración monetaria —tal como se explicó en un artículo anterior, titulado: “Los salarios y la productividad”— está determinada, principalmente, por la productividad de la economía nacional. Sin embargo, existen otros elementos económicos y sociales que inciden en los niveles salariales de un país, como, por ejemplo: las instituciones estatales y los sindicatos.

Por esa razón es importante destacar la presencia de estos factores externos a los mecanismos del mercado que impactan significativamente en el comportamiento de los salarios, debido a que, solo de esta forma se pueden entender algunos extraños fenómenos que parecieran contradecir axiomas y reglas establecidas en las ciencias económicas. Un ejemplo paradigmático de esto es el comportamiento del salario real en la República Dominicana.

En un estudio realizado por la Fundación Juan Bosch, bajo el título: “¿Trabajos dignos o empleos chatarra?”, el economista Airon Fernández y el sociólogo Matías Bosch, establecieron que en esta nación, los salarios reales se han estancado en niveles similares a los de 1998, no obstante la productividad del trabajador haberse expandido el triple en el período estudiado. Es decir, en los últimos 20 años el trabajador dominicano ha ampliado considerablemente su capacidad productiva, lo cual, se ha reflejado positivamente en la expansión de los beneficios empresariales, mas no en un aumento de su calidad de vida. Por el contrario, su de por sí escaso poder adquisitivo se ha petrificado, lo que, indudablemente, ha perpetuado altos niveles de pobreza, ampliado la brecha de la desigualdad social y deprimido las esperanzas de progreso de la mayoría de los ciudadanos.

En adición a esto, es importante destacar que la participación de la remuneración de los trabajadores en el PIB, pasó de ser un 50 % en 1998, a representar en el 2018 un 27 %. Este indicador, unido a la aparente relación inversa entre productividad e ingreso de la economía dominicana —un fenómeno contrario a las leyes económicas— ayuda a entender por qué gran parte de la población de este país manifiesta que se siente excluida del irrefutable crecimiento macroeconómico de las últimas décadas. Y es comprensible este malestar, ya que, acorde a los datos expuestos, los trabajadores, no obstante producir más, ganan igual o menos; y con el pasar del tiempo, el aumento de los precios agrava aún más su deteriorada situación y, su participación en la bonanza que produce el crecimiento de la economía nacional, es mucho menor.

Esta lamentable realidad es tan evidente que se ha instituido un consenso generalizado entre economistas, políticos y empresarios en torno a que los niveles salariales en este país caribeño son injustificablemente bajos. Tanto así que, hasta el mismo presidente de la República, Danilo Medina, ha reconocido en numerosas ocasiones que la mayoría de la ciudadanía no tiene la capacidad de cubrir sus necesidades básicas con los sueldos que devengan mensualmente. Esas expresiones del mandatario, más que un ejercicio de autoflagelación, es una crítica directa al sistema político y económico en su conjunto, ya que, si bien es cierto que el mercado no establece las leyes, también es cierto que el gobierno no produce riquezas. Y resulta que, ambos elementos, son fundamentales para determinar los sueldos. 

El escenario planteado, que por demás es sumamente complejo, requiere del esfuerzo de los actores económicos y políticos fundamentales, para lograr pactos sociales que transformen este esquema económico profundamente desigual. Además, es preciso destacar que en esa concertación nacional, los sindicatos jugarían un rol estelar, ya que, parte de esta relación anómala entre producto creciente y salarios decrecientes, se debe a que estos entes mediadores se han quedado anquilosados y no han asumido eficientemente la defensa de los derechos de los trabajadores, los cuales, conforman el grueso de la población, y a su vez, la porción más sacrificada en la conformación de los pilares del crecimiento económico nacional.

 

Ernesto Jiménez / El autor es economista y comunicador.

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