


Aunque muchas personas se enfocan en qué alimentos consumir para mejorar su salud, especialistas advierten que el tiempo que se dedica a comer también es un factor importante. La velocidad con la que se ingieren los alimentos puede influir en la digestión, en la sensación de saciedad y en la cantidad de comida que se consume.
Expertos indican que terminar el desayuno, el almuerzo o la cena en menos de 20 a 30 minutos puede ser una señal de que se está comiendo demasiado rápido, lo que puede provocar desde molestias digestivas hasta una mayor ingesta de alimentos.
Según la especialista Leslie Heinberg, el organismo necesita tiempo para reconocer cuándo está lleno.
“Se necesitan alrededor de 20 minutos para que el estómago se comunique con el cerebro a través de una serie de señales hormonales que indican que está lleno”, explica. Añade que cuando se come muy rápido es fácil pasar el punto de saciedad.

La experta también señala que quienes comen con rapidez suelen tragar más aire, lo que puede provocar hinchazón, indigestión o problemas digestivos. Además, no masticar bien los alimentos puede afectar la absorción adecuada de nutrientes.
La psicóloga Helen McCarthy indica que pequeños cambios en los hábitos pueden ayudar a reducir la velocidad al comer.
“Si masticas cada bocado un poco más, eso ralentizará tu forma de comer”, señala.
Los especialistas coinciden en que comer más despacio no solo mejora la digestión, sino que también ayuda a controlar mejor la cantidad de alimentos consumidos.









