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El estrés constante no siempre es lo mismo que una simple sobrecarga. Según la psicóloga Laura Villanueva, fundadora de Psicologodemadrid.org, es clave diferenciar entre estrés crónico y adicción al cortisol.
En el primer caso, la persona sufre y busca alivio, mientras que en el segundo se genera una búsqueda inconsciente de más tensión y presión para sentirse activa.
El estrés crónico mantiene al cuerpo en alerta permanente y provoca ansiedad, irritabilidad, fallos de memoria, insomnio, cefaleas y alteraciones hormonales.
En cambio, la adicción al cortisol surge como una extensión de ese estado: quienes la padecen se sienten vacíos si no hay presión, se “desinflan” en vacaciones y hasta generan situaciones que reactiven el estrés.
Villanueva explica la diferencia con una metáfora: “El estrés crónico es estar atrapada en un incendio, mientras que la adicción al cortisol es encender tú misma las llamas para seguir en movimiento”. En ambos casos, advierte, es urgente frenar y romper el ciclo antes de que cuerpo y mente paguen un precio más alto.