


La dermatitis atópica es la enfermedad inflamatoria de la piel más común y una de las más incapacitantes por su síntoma principal: el picor. Afecta a más de 200 millones de personas en todo el mundo y condiciona el descanso, el estado emocional y la vida social.
Su complejidad radica en la combinación de inflamación sistémica y disfunción de la barrera cutánea, lo que provoca brotes recurrentes y periodos de remisión. A día de hoy, afecta al 11% de los niños y al 6% de los adultos.
Los síntomas incluyen dolor, picor, erupciones, inflamación y piel seca y escamosa. El prurito crónico es el más incapacitante: para el 96% de los pacientes, liberarse de él es uno de los principales objetivos.
La dermatitis atópica no solo se refleja en la piel; también tiene consecuencias sociales, emocionales y laborales. El estudio epidemiológico Scars of Life, de la firma La Roche-Posay, indica que el 37% de los pacientes sufre discriminación laboral y el 38% reconoce problemas de autoestima.
La prevención de brotes exige una rutina constante que refuerce la barrera cutánea y controle la inflamación. La higiene diaria y la hidratación profunda son pilares básicos, siempre con productos que respeten el pH y no resequen la piel.
La estrategia preventiva debe abordar tres pilares: fortalecer la barrera, controlar la inflamación y equilibrar el microbioma. No se trata solo de aliviar el picor, sino de evitar que reaparezca. Una rutina adaptada, productos específicos y seguimiento dermatológico permiten reducir la frecuencia de los brotes y mejorar la calidad de vida.









