


Autoridades sanitarias y residentes de la Franja de Gaza han alertado sobre una crisis de salud pública derivada de la propagación descontrolada de roedores e insectos en los campamentos de desplazados. Tras el cese al fuego de octubre de 2025, la acumulación de aproximadamente 68 millones de toneladas de escombros y desechos —incluidos 4 millones de toneladas de materiales peligrosos— ha creado un hábitat propicio para plagas que amenazan la integridad física de la población, la cual aún se encuentra desplazada en un 80%.
El Ministerio de Salud palestino, encabezado por el ministro Maged Abu Ramadan, ha emitido un pedido de urgencia a la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el suministro de materiales de control de plagas. La situación se agrava debido a la prohibición de entrada de pesticidas y la falta de combustible para servicios de saneamiento, lo que deja a los civiles expuestos a mordeduras y enfermedades en entornos hacinados donde el control militar y la destrucción de viviendas impiden el retorno a la normalidad.
La Sociedad Palestina de Socorro Médico ha confirmado que la presencia de roedores ya no es solo un problema de daños materiales, sino una vía directa de transmisión de patologías graves. La falta de infraestructura sanitaria básica ha facilitado que estos animales contaminen los suministros de agua y alimentos dentro de las tiendas de campaña. Entre los riesgos biológicos identificados por las autoridades sanitarias se encuentran:
Mohammed Abu Afesh, director de la Sociedad Palestina de Socorro Médico en la Franja de Gaza, señaló a la BBC que la situación es crítica: > "La propagación de roedores se ha convertido en una carga importante y una amenaza real para la salud pública, especialmente porque llegan a los alimentos y al agua dentro de las tiendas".
La vulnerabilidad de los civiles se manifiesta en ataques directos durante las horas de sueño. Basel al Dahnoun, un paciente desplazado con diabetes e insuficiencia renal, relató su experiencia personal tras ser herido por un roedor mientras dormía, destacando la gravedad que esto representa para personas con sistemas inmunológicos comprometidos. La respuesta local se limita actualmente a métodos rudimentarios ante la ausencia de intervención internacional coordinada y la atención de insumos industriales.
Los esfuerzos comunitarios se centran en la limpieza manual de residuos y el uso de pesticidas agrícolas, aunque estas medidas resultan insuficientes ante la magnitud de los detritos acumulados. Los expertos advierten que, sin una apertura para el ingreso de cebos tóxicos e insecticidas, el riesgo de una epidemia a gran escala es inminente. Amani Abu Salmiya, una de las afectadas por la pérdida de sus pertenencias y el asedio de las plagas, declaró al programa de la BBC: > "Pusimos ladrillos y madera toda la noche, pero las ratas igual entran". Por su parte, Mahmoud al Amawi, dedicado a combatir la plaga con recursos limitados, añadió: > "Tratamos de combatir a los roedores y los insectos con materiales sencillos… algo es mejor que nada".









