La fila más larga
Hoy Estados Unidos vota. Pero no todos votan igual. Desde el 2013, cuando la Corte Suprema quitó la vigilancia federal a estados con historial racista, se cerraron más de mil seiscientos colegios electorales, muchos en barrios negros y latinos. En una década, el país perdió uno de cada cinco colegios electorales. Georgia llegó a castigar con cárcel a quien le diera agua a un votante en la fila. Y así hemos llegado a las elecciones del día de hoy donde Trump (que ha pedido a sus seguidores que se imaginen que él está en la boleta) lo único que puede mostrar es su fetido amor por los aranceles, una guerra absurda con Irán
que disparó el precio de los combustibles, el apoyo incondicional a un grenocidio, asesinato sin juicios en el mar caribe, sanciones a la Corte Penal Internacional, convertir el perdón presidencial en negocio y acorde con la prensa norteamericana enriquecerse al ritmo de 3 billones de dolares desde que asumio. Al parecer quiere parecerse a Trujillo en eso. Hacia el sur, metió la mano en cada elección. A Argentina le condicionó un rescate de 20 billones a que ganara Milei. En Honduras apadrinó a Asfura e indultó a un expresidente condenado por narcotráfico. En Brasil, castigó a Lula. Pero Lula ganó. Y con él empezó a caer la doctrina Donroe, Monroe con apellido Trump. Ojalá que las filas largas de hoy nos acerquen a un mundo mejor.











