

Es el olvido de sí mismo, la cínica barbarie del racismo. El pasado 14 de febrero, en vez de cenar con su amada o compartir con sus amigos de infancia en la Calle 8 de la Pequeña Habana de Miami, el secretario de Estado de EE.UU., Marcos Rubio, prefirió presentar un histórico discurso en la Conferencia de Múnich.
En sus extensas palabras, el Mr. arrojó a sus ancestros cubanos al fondo del olvido, al solo referirse a sus antepasados españoles, y al afirmar en repetidas ocasiones que los Estados Unidos (ubicado en el norte del continente americano) y un subcontinente llamado Europa son la única civilización del planeta, lo que sugiere que el resto del mundo, incluida Cuba “qué linda es Cuba”, somos la barbarie a la que, como los conquistadores españoles en el siglo XVI, ellos tendrán que “civilizar”, citando sin saberlo al Versainograma a Santo Domingo, de Neruda, o sea, convertir a bárbaros latinoamericanos vivos, en civilizados latinoamericanos muertos… o más exactamente humillados.
Olvidadizo, en su discurso el “asere” no mencionó ni una sola vez las palabras democracia y derechos humanos, a pesar de que, durante décadas, la defensa de la democracia y los derechos humanos le sirvió de pretexto a Estados Unidos para derrocar gobiernos, asesinar opositores y colocar a sus sepultureros (Pinochet, Videla, Trujillo, Stroessner, Noriega, Somoza, Castillo Armas) “en el trono del mando y del castigo”, para seguir con el Versainograma.
En el discurso del Mr., no hubo tiempo para reconocer a ninguna otra civilización (Inca, Azteca (anatomía), dinastías chinas, la imprenta, la pólvora). El mundo islámico, (el alfabeto, la ciencia, su álgebra, casi todo).
Para el trigueño descafeinado de sangre mulata (recordemos los 800 años de dominio árabe en España), EE.UU. y Europa son LA CIVILIZACIÓN, y lo demás es barbarie, a pesar de su historia de atrocidades y genocidios, a pesar del asesinato en aguas internacionales (lejos de su territorio) de más de cien supuestos pescadores y/o traficantes de drogas.
Drogas sin las cuales ese país sería una auténtica barbarie por los millones de ciudadanos adictos a su consumo.
Imaginar a Estados Unidos sin drogas durante un día; un solo día sin los migrantes que soportan el trabajo duro de su economía, esa sí sería una verdadera barbarie. Por Diderot lo sabíamos, solo que ahora es que estamos padeciendo la sentencia: “del fanatismo a la barbarie solo media un paso”.







