Nunca más un caudillo

Por Fafa Taveras
Publicado el 14 oct 2026

"Prefirió sacarse los dos ojos con tal de sacarme uno a mí". Así reaccionó Danilo Medina a la reforma constitucional de 2024, que le cerró a él, a Luis Abinader y a todo el que venga después la puerta de una nueva reelección. Pero no se trata de ojos, se trata de cerrarle vías al nefasto caudillismo y sus abusos.

1861: Pedro Santana anexó la República a España. Hizo falta la guerra de la Restauración para recuperarla.

1870: Buenaventura Báez, cinco veces presidente, montó un plebiscito amañado para anexarnos a Estados Unidos.

1888: Lilís empeñó las aduanas con préstamos turbios. Esa deuda sirvió de excusa para la ocupación norteamericana de 1916.

1927: Horacio Vásquez se alargó el período dos años y luego quiso reelegirse. Por esa puerta entró Trujillo: treinta y un años de terror.

1966: Balaguer reintrodujo la reelección. Doce años, más de tres mil muertos políticos. Y en 1994, un fraude que obligó a recortarle el mandato.

En 2002, 2010 y 2015, la Constitución se reformó al compás del presidente de turno.

Cuarenta reformas en 180. Al menos nueve, para alargar un mandato.

Por eso la reforma de 2024 importa, porque blindó las reglas de dos períodos consecutivos y nunca más. Y quien la impulsó fue el primero en quedar fuera.

El país no necesita hombres indispensables. Necesita reglas que no se doblen.

Caudillos nunca más. Bienvenidos sean los estadistas.

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