La reciente intensificación de las operaciones militares de Estados Unidos en el Caribe, lideradas por el Comando Sur, está transformando la logística del tráfico de drogas en la región. Aunque la campaña ha logrado reducir la salida directa de cocaína desde las costas de Venezuela mediante interceptaciones y ataques letales a lanchas rápidas, expertos advierten que el flujo total hacia el mercado estadounidense no ha disminuido. En cambio, las organizaciones criminales han optado por rutas alternativas y métodos de mayor complejidad tecnológica para evadir la vigilancia.
Desde septiembre de 2025 hasta marzo de 2026, se han registrado aproximadamente 45 operaciones militares que han resultado en más de 150 fallecidos. Estas acciones coinciden con un período de alta tensión política tras la captura en enero de 2026 de Nicolás Maduro. No obstante, analistas de organizaciones como InSight Crime y la Oficina de Washington para América Latina (WOLA) señalan que el volumen de cocaína detectado en la frontera estadounidense ha mostrado un ligero incremento, lo que sugiere que el mercado se ha adaptado rápidamente a la presión militar.
El "Efecto Globo": Nuevos corredores geográficos
La presión en el corredor marítimo tradicional entre Venezuela y las Antillas ha empujado el tráfico hacia zonas con menor presencia militar o mayor cobertura natural:
- Ruta Oriental: Se ha detectado un aumento significativo de vuelos no registrados que atraviesan el espacio aéreo de Guyana , dirigiéndose hacia Surinam o Brasil, con Europa como destino final probable.
- Corredor Amazónico: El uso de la densa red fluvial entre Colombia y Venezuela permite un movimiento discreto de cargamentos bajo el dosel selvático.
- Escalas en Centroamérica: El tráfico se ha fragmentado en envíos más pequeños que realizan múltiples paradas técnicas a lo largo de las costas de países como Costa Rica .
- Predominio del Pacífico: Los expertos recuerdan que, incluso antes de esta campaña, el grueso de la droga (aprox. 80%) ya transitaba por el Océano Pacífico, una ruta que permanece menos afectada por los operativos del Caribe.
Diversificación y sofisticación tecnológica.
Ante el riesgo de ataques aéreos y navales, los grupos criminales han diversificado sus tácticas de transporte y camuflaje:
- Sumergibles y Drones: Ha aumentado el uso de narcosubmarinos semisumergibles y torpedos operados por drones, los cuales son mucho más difíciles de detectar por radar que las lanchas rápidas.
- Contenedores Comerciales: El método rip-on/rip-off (contaminar contenedores legales después de los controles portuarios) sigue siendo la vía principal y más segura para el tráfico a gran escala.
- Alteraciones Químicas: Se han identificado cargamentos de cocaína disuelta en líquidos o mezclada con materiales como cemento y metales, técnicas avanzadas que requieren procesos químicos para su recuperación en el destino.
Desafíos estructurales y legales
Expertos como Adam Isacson y Geoff Ramsey coinciden en que estas operaciones militares actúan meramente como una "fricción" temporal y no como una solución definitiva. Entre las críticas principales destacan:
- Legalidad Internacional: Organismos internacionales cuestionan si estos ataques constituyen ejecuciones extrajudiciales o violaciones al derecho internacional.
- Corrupción Institucional: Se señala que el narcotráfico prospera debido a la complicidad de funcionarios en puntos clave de tránsito terrestre y fluvial, un factor que las patrullas navales no pueden resolver.
- Falta de Datos: La ausencia de registros oficiales consolidados dificulta medir el impacto real fuera de las interceptaciones visibles.
"Si solo se ataca una forma de transporte en una ruta específica, se puede cerrar una puerta, pero quedan muchas otras abiertas que las redes criminales pueden explotar simplemente desviando los envíos". —Alex Papadovassilakis, InSight Crime.