


El colaborador Cesar Rodríguez reportó a El Sol de la Mañana desde Puerto Plata que el hallazgo de la osamenta en una villa de Sosua de la joven Carli Francesca Guzmán Rocha reportada como desparecida en septiembre del 2021 ha generado cuestionamientos sobre el proceso investigativo.
En la primera intervención, los familiares aseguran haber percibido un fuerte hedor en las inmediaciones de la piscina de la villa. Sin embargo, las autoridades atribuyeron el olor a la presencia de un animal muerto en la zona, descartando la posibilidad de restos humanos.
De acuerdo con las informaciones, el cuerpo fue encontrado en enero de este año en el patio de la villa, aunque el caso ha cobrado notoriedad recientemente al divulgarse detalles sobre su identificación y las circunstancias del hallazgo.
Según reportó Rodríguez, se ha planteado la hipótesis de que el hecho pudo haber ocurrido en otro lugar y que posteriormente el cuerpo fuera trasladado a la villa, una de varias líneas que han surgido.
Indicó que las dudas se originan en la aparente ausencia de una búsqueda más profunda, que incluyera levantamientos de terreno y otras diligencias propias de este tipo de casos, tomando en cuenta precedentes a nivel nacional donde se han utilizado propiedades para ocultar cuerpos.
Asimismo, señaló que los descensos realizados en el lugar en al menos dos ocasiones habrían sido limitados, lo que proyecta la percepción de una investigación superficial frente a la complejidad del caso.
La joven, oriunda de Baní, tenía 22 años al momento de su desaparición. Salió de su ciudad el 2 de septiembre de 2021 y mantuvo comunicación con sus familiares hasta el día 5 de octubre, fecha en la que se pierde todo contacto.
Ese mismo día, registros indican que se hospedó en el hotel Amber Cove, en el batey El Soco, donde figura inscrita en la habitación 33. Según los datos disponibles, se registró sola, sin que hasta ahora existan informaciones confirmadas sobre la presencia de otras personas.
El hallazgo se produjo durante trabajos realizados por nuevos propietarios de la villa, aunque persisten versiones distintas sobre si se trataba de labores de jardinería o excavaciones estructurales. Estas inconsistencias, junto a la falta de información previa, han alimentado dudas sobre las diligencias realizadas en el pasado.
El Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Inacif) confirmó la identidad mediante pruebas de ADN, pero no ha precisado la fecha de la muerte.
El hecho de que el caso haya sido cerrado anteriormente, pese a inspecciones en el lugar donde posteriormente se hallaron los restos, plantea interrogantes sobre la efectividad del proceso investigativo y los pasos a seguir en el ámbito judicial.
Ante este hallazgo, los familiares exigen una investigación exhaustiva que incluya a todas las personas relacionadas con la villa, incluidos antiguos propietarios, trabajadores y cualquier individuo que pudiera tener conocimiento de lo ocurrido.









