


Al menos dos millones de personas en Somalia enfrentan niveles críticos de hambre debido a una intensa sequía que sigue afectando gravemente al país, según advirtió la Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA). La situación se ha visto agravada por el encarecimiento del combustible y los alimentos, asociado a tensiones en Oriente Medio.
El informe señala que los afectados se encuentran en la fase 4 de la Clasificación Integrada de las Fases de la Seguridad Alimentaria (CIF), lo que refleja un escenario de emergencia que requiere asistencia humanitaria inmediata.
Asimismo, más de 1,8 millones de niños menores de cinco años sufren desnutrición aguda, considerada una de las consecuencias más preocupantes de la prolongada sequía.
La OCHA indicó que la falta de lluvias ha provocado grandes pérdidas de ganado, una marcada escasez de agua y alimentos, además de desplazamientos internos. Esta situación ha elevado considerablemente la demanda de ayuda humanitaria en todo el país.
Aunque se prevén precipitaciones en los próximos días que podrían ofrecer cierto alivio al recargar fuentes de agua y mejorar los pastizales, el organismo advirtió que no serán suficientes para revertir los efectos acumulados de la sequía en el corto plazo.
El entorno internacional también ha incidido negativamente. El aumento del precio del combustible —de 0,60 a 1,50 dólares por litro— ha incrementado los costos de transporte y de los productos básicos, dificultando aún más el acceso a alimentos.
A pesar de la magnitud de la crisis, la asistencia humanitaria continúa siendo limitada. En los 21 distritos priorizados dentro del plan de respuesta para 2026, la cobertura no supera el 25 %, lo que evidencia una importante brecha en servicios esenciales.
A esta situación se suma la inestabilidad estructural que afecta a Somalia desde 1991, tras la caída de su gobierno central, lo que sigue dificultando las labores de asistencia y recuperación en el país.









