Cambio climático podría elevar los casos de accidentes cerebrovasculares y demencia

El cambio climático representa una amenaza creciente para la salud cerebral, debido al incremento de las temperaturas, la contaminación ambiental y la expansión de algunas enfermedades infecciosas. Especialistas en neurología advierten que estos factores pueden agravar trastornos existentes y aumentar el riesgo de padecer accidentes cerebrovasculares, conocidos como ictus, y demencia.
El neurólogo Ulf Kallweit, copresidente del grupo de trabajo sobre influencias ambientales de la Academia Europea de Neurología, explicó que el calentamiento global puede intensificar los problemas neurológicos. Estas afecciones, que incluyen desde migrañas hasta enfermedades neurodegenerativas, representan un desafío creciente para los sistemas sanitarios debido a su impacto en la calidad de vida de la población.
Uno de los principales factores de preocupación es el calor extremo. Según las declaraciones del especialista recogidas por Euronews, los casos de ictus aumentan cuando las temperaturas superan los 30 grados Celsius. Además, advirtió que la proporción de accidentes cerebrovasculares relacionados con el calor podría pasar del 1 % actual a entre un 5 % y un 8 % durante las próximas dos o tres décadas.
Las altas temperaturas también pueden perjudicar la calidad del sueño, especialmente durante las noches en las que el termómetro permanece por encima de los 20 grados. Estas condiciones dificultan que el cuerpo se enfríe y descanse adecuadamente. Cuando las alteraciones del sueño se prolongan, pueden asociarse con un mayor riesgo de sufrir un ictus o desarrollar demencia.
Otro motivo de preocupación es la modificación de las condiciones ambientales que favorecen la propagación de enfermedades transmitidas por mosquitos y garrapatas. Algunas de estas infecciones pueden afectar el sistema nervioso y provocar complicaciones neurológicas, lo que añade nuevos desafíos para la prevención y la atención sanitaria.
Los especialistas también señalan que los efectos del cambio climático no afectan a todas las personas por igual. Los adultos mayores, los niños, las embarazadas y quienes padecen enfermedades previas pueden ser más vulnerables. Asimismo, las personas que viven en comunidades con escaso acceso a viviendas adecuadas, aire acondicionado y espacios verdes podrían enfrentar mayores riesgos ante las altas temperaturas y la contaminación.
Ante este panorama, los expertos recomiendan reducir la exposición al calor y a los contaminantes, proteger las horas de descanso y aprovechar los espacios verdes. También consideran necesarias las políticas públicas que promuevan viviendas más frescas, aire limpio y entornos urbanos saludables. Aunque las medidas individuales pueden contribuir a reducir los riesgos, sostienen que la respuesta debe incluir acciones colectivas para proteger la salud cerebral frente a los cambios ambientales.











