


China dio un nuevo paso en su ambicioso programa espacial al lanzar con éxito la nave tripulada Shenzhou-23, que logró acoplarse a la estación espacial Tiangong durante la madrugada del lunes. La misión forma parte del objetivo de Pekín de llevar astronautas a la Luna antes de 2030.
Como parte de la expedición, uno de los astronautas permanecerá un año completo en órbita, una experiencia considerada clave para futuras misiones lunares e incluso viajes a Marte. El prolongado tiempo en el espacio permitirá estudiar los efectos de la microgravedad en el cuerpo humano y poner a prueba los sistemas de soporte vital.
El cohete Larga Marcha 2F despegó desde el centro espacial de Jiuquan, ubicado en el desierto del Gobi, en una operación transmitida por medios estatales chinos. Horas después, la nave se acopló exitosamente a la estación Tiangong, según informó la agencia estatal Xinhua.
La tripulación está integrada por el comandante Zhu Yangzhu, el expiloto militar Zhang Zhiyuan y Li Jiaying, quien se convirtió en el primer astronauta originario de Hong Kong en participar en una misión espacial china.
Durante su permanencia en órbita, los astronautas realizarán experimentos relacionados con medicina, física de fluidos y ciencias de materiales, mientras China continúa fortaleciendo su carrera espacial frente a potencias como Estados Unidos.
Expertos señalan que una estancia tan prolongada representa desafíos físicos y psicológicos, como pérdida de masa ósea y muscular, exposición a radiación y alteraciones del sueño, aspectos esenciales para preparar futuras exploraciones de larga duración.
China también avanza en el desarrollo de nuevas tecnologías espaciales, incluyendo la nave Mengzhou, diseñada para futuras misiones tripuladas a la Luna, así como una base científica internacional que espera establecer en el satélite terrestre hacia 2035.








