


Cultura e identidad, tradición y devoción es para el pueblo dominicano que hoy se congrega en templos católicos o sale a las calles en procesión para venerar a la Virgen María, bajo la advocación de La Altagracia.
Es la devoción altagraciana tan nuestra como la tambora, tan sentida como el merengue y tan brillante como los colores de nuestra bandera que al compás del viento que viene del mar ondea igual que las olas.
En su mensaje de invitación a la feligresía para unirse a las celebraciones de la solemnidad, el obispo de la diócesis de Higüey, monseñor Jesús Castro, resalta que la presencia de la Virgen de la Altagracia en este territorio data del siglo XVI, con la llegada de los españoles a la isla.
Señala que la devoción altagraciana inició en la antigua parroquia San Dionicio. "Desde ese momento un rayo de luz en medio de las tinieblas ha sobresaltado la República Dominicana con esa devoción", expresa el prelado.
María de la Altagracia, es decir, la mujer que alcanzó la mayor gracia ante Dios, se justifica en uno de los cuatro dogmas marianos, la maternidad divina de María, definido en el concilio de Éfesos. María es madre de Dios porque concibió y dio a luz a Jesús, que es verdadero Dios y verdadero hombre.
María modelo para los bautizados
Este año la Iglesia Católica lo dedica al sacramento del Bautismo, bajo el lema, "Bautismo y sinodalidad, camino de santidad". En la Iglesia que peregrina en la República Dominicana, el Plan de Pastoral se alinea y este mes celebra a María como modelo de los bautizados.
Reflexiona el plan, que es María quien cumplió su misión evangelizadora, sin buscar protagonismo, sino desde el silencio del acompañamiento de una madre, participando en cada uno de los pasos de su hijo Jesús, incluso en la Cruz.
María formó parte de una comunidad, junto con los Apóstoles de Jesús, que son el fundamento de la iglesia que hoy camina en sinodalidad, bajo el manto de su madre María.







