


Estados Unidos calificó como “muy positiva” y “constructiva” la sexta ronda de negociaciones comerciales con China, realizada en París. Al concluir el encuentro, se acordó un plan de trabajo que servirá de base para avanzar en acuerdos antes de la reunión prevista entre los presidentes de ambos países en Pekín dentro de poco más de dos semanas.
La valoración fue proporcionada por el secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, al término de los dos días de diálogo celebrados en la sede de la OCDE en la capital francesa.
Bessent explicó que las conversaciones continuaron los compromisos alcanzados entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping en octubre en Busan, los cuales lograron frenar la escalada de la guerra comercial que había iniciado meses antes entre las dos mayores economías del mundo.
Greer indicó que en París se definieron los términos generales de un plan de trabajo, con la intención de lograr avances concretos antes del encuentro entre Xi y Trump, programado entre el 31 de marzo y el 2 de abril en Pekín, aunque la visita podría retrasarse por el conflicto en Irán.
Entre los temas prioritarios se incluyó el acceso y procesamiento de tierras raras, minerales estratégicos dominados por China y esenciales para las industrias tecnológicas y de defensa de Estados Unidos.
Otro punto clave fue el incremento de las compras chinas de productos estadounidenses, incluyendo bienes agrícolas, energía y manufacturas industriales, como aviones, una medida considerada por Washington fundamental para reducir el déficit comercial con China.
Ambas delegaciones también analizaron la creación de un mecanismo de gestión de intercambios comerciales, similar a una “junta de comercio”, que permitiría identificar productos que cada país podría exportar al otro para lograr un mayor equilibrio y beneficios mutuos.
El diálogo también incluyó el tema de las investigaciones comerciales iniciadas por EE. UU., diseñadas para evaluar posibles perjuicios económicos derivados de prácticas de ciertos socios comerciales. Estas investigaciones podrían sustituir aranceles previamente anulados por el Tribunal Supremo estadounidense.
China, por su parte, expresó preocupación por estas medidas, considerando que generan incertidumbre y afectan el clima de cooperación en las negociaciones bilaterales.
Las delegaciones discutieron también los efectos económicos del conflicto en Oriente Medio. Bessent destacó que cerca de la mitad del suministro de hidrocarburos de China proviene del golfo Pérsico, lo que aumenta la preocupación ante un posible bloqueo del estrecho de Ormuz, vía crucial para el transporte de petróleo, gas y fertilizantes.
El viceministro chino de Comercio, Li Chenggang, afirmó que las conversaciones permitieron alcanzar consensos preliminares, tras consultas que calificó de profundas, francas y constructivas.
Además, ambas partes estudian establecer un mecanismo bilateral de trabajo para fortalecer la cooperación en comercio e inversión, reconociendo que unas relaciones económicas estables entre EE.UU. y China no solo benefician a ambos países, sino también a la economía global.









