

El papa León XIV autorizó el primer paso formal hacia la beatificación de la religiosa brasileña María Inmaculada de la Santísima Trinidad, nacida como María Giselda Villela.
El Vaticano informó que fue aprobado el decreto que reconoce sus “virtudes heroicas”, lo que la convierte en Venerable Sierva de Dios.
María Giselda Villela nació en 1909 en el estado de Minas Gerais. Su vida dio un giro en la adolescencia, cuando superó un tumor canceroso. Esa experiencia fortaleció su fe y su deseo de consagrarse a la vida religiosa. A ello se sumó el descubrimiento de los escritos de Santa Teresita del Niño Jesús, que influyeron profundamente en su espiritualidad.
En 1930 ingresó al monasterio de las Carmelitas Descalzas de Campinas y adoptó el nombre de María Inmaculada de la Santísima Trinidad. Años después, en 1943, asumió el reto de fundar un nuevo monasterio en Pouso Alegre, un proyecto que enfrentó serias dificultades desde sus inicios.
Durante la fundación, varias religiosas regresaron a su convento de origen, pero María Inmaculada permaneció al frente de la comunidad. Dirigió el monasterio durante 43 años, guiándolo con fidelidad a la Iglesia y al carisma teresiano.
Antes de morir en 1988, ofreció su vida por la unidad de la Iglesia en un tiempo de divisiones internas. Además, preparó nuevas fundaciones de su orden, impulsando la expansión del Carmelo en Brasil.
El proceso hacia la santidad tiene tres etapas. La primera es ser declarado Venerable Siervo de Dios, como ha ocurrido ahora. La segunda es la beatificación, que requiere un milagro atribuido a su intercesión. La tercera es la canonización, para la cual se necesita un segundo milagro ocurrido después de la beatificación.
Con este decreto, la Iglesia reconoce que María Inmaculada vivió las virtudes cristianas de manera heroica, abriendo el camino para que su causa continúe avanzando.








