


El cohete del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) fue trasladado nuevamente a la plataforma para su próximo intento de despegue, con el objetivo de impulsar la misión Artemis II.
Esta operación, anunciada a finales de enero, busca concretar el primer vuelo tripulado del programa Artemis, iniciativa iniciada durante la primera presidencia de Donald Trump para llevar nuevamente astronautas estadounidenses hacia la Luna.
La misión marcaría también un hito humano: por primera vez en casi cinco décadas, personas viajarían más allá de la órbita terrestre.
Los astronautas volarán a bordo del SLS —un cohete superpesado construido en parte con tecnología heredada del transbordador espacial— y dentro de la nave Orion, desarrollada durante años para misiones de espacio profundo. No obstante, el plan actual solo contempla un sobrevuelo lunar, sin entrada en órbita.
Detrás del simbolismo, el programa enfrenta múltiples dificultades. La financiación irregular y los cambios de prioridades han debilitado su avance, mientras China acelera sus propios planes lunares y podría adelantarse en llevar humanos al satélite en este siglo.
El intento de lanzamiento de Artemis II evidenció esa fragilidad. Una fuga de helio en la etapa superior obligó a retirar el cohete de la plataforma a finales de febrero para reparaciones en el edificio de ensamblaje.
El problema provocó la pérdida de la ventana de lanzamiento de marzo. Ahora se apunta a principios de abril como nueva fecha tentativa, aunque no se descartan más retrasos.
Si bien estos contratiempos son habituales en la industria espacial, en el caso de Artemis adquieren mayor relevancia por tratarse del principal proyecto lunar estadounidense. El programa se ha convertido en símbolo de la brecha entre las ambiciones del país y su capacidad de ejecución.
Originalmente, Artemis II debía preceder a un alunizaje tripulado en 2028 con Artemis III. Antes de esa misión, el módulo lunar Starship de SpaceX debía demostrar su capacidad mediante aterrizajes no tripulados. Sin embargo, el sistema aún no ha alcanzado la órbita, lo que complica el calendario.
El concepto es altamente complejo: requiere múltiples lanzamientos para ensamblar en órbita un depósito de combustible, reabastecerlo con grandes cantidades de propelente y, posteriormente, abastecer al módulo lunar. Solo entonces podría emprender el viaje a la Luna y ejecutar un aterrizaje seguro.
Ante los riesgos, la NASA contrató en 2023 a Blue Origin para desarrollar un módulo alternativo, conocido como Blue Moon, más pequeño y menos ambicioso. Este vehículo podría realizar pruebas no tripuladas en el corto plazo y ha pasado a tener un papel más relevante en la estrategia.
Con la llegada del nuevo administrador de la NASA, Jared Isaacman, el plan se ha vuelto más prudente. Artemis III ya no intentará alunizar inicialmente; se centrará en maniobras de acoplamiento en órbita terrestre alta para validar la interacción entre la nave Orion y el módulo de aterrizaje, un enfoque similar al utilizado durante las misiones preparatorias del programa Apolo.
La NASA también busca aumentar la frecuencia de lanzamientos para mejorar la fiabilidad, ya que intervalos de varios años entre misiones incrementan la incertidumbre técnica. Paralelamente, se intenta reducir costos mediante la estandarización del SLS y la suspensión de versiones más potentes del cohete.
Otros elementos del programa, como la estación lunar Gateway, han perdido protagonismo y podrían quedar relegados o pospuestos.
A pesar de los ajustes, el calendario sigue siendo exigente. Lograr un alunizaje en 2028 requeriría que múltiples tecnologías aún no probadas funcionen sin contratiempos.
Mientras tanto, China avanza con un programa más lineal y centralizado. Pekín planea iniciar pruebas no tripuladas de su nueva nave tripulada este mismo año, con el objetivo de realizar un alunizaje humano alrededor de 2030.
En este contexto, Estados Unidos enfrenta una carrera espacial distinta a la de la Guerra Fría: ahora compite no solo con su legado histórico, sino con un rival emergente. Medio siglo después del Apolo, la cuestión ya no es únicamente regresar a la Luna, sino hacerlo antes que otros.
Con informacion de RT









