


Médicos Sin Fronteras advirtió este miércoles sobre el deterioro de los programas de inmunización y el colapso de los sistemas de vigilancia epidemiológica en Sudán, una situación que está favoreciendo la aparición de brotes mortales que podrían evitarse. Este escenario ocurre en medio de tres años de conflicto entre el Ejército sudanés y las Fuerzas de Apoyo Rápido.
La organización instó a la comunidad internacional, incluidos donantes y actores diplomáticos, así como a las autoridades sanitarias, a incrementar el financiamiento y a presionar para eliminar trabas administrativas, facilitar las rutas de abastecimiento y garantizar el acceso seguro de la ayuda humanitaria.
En un comunicado, alertó que, de no adoptarse acciones inmediatas, los brotes seguirán intensificándose y continuarán cobrando vidas por enfermedades que hoy pueden prevenirse.
Durante los primeros cuatro meses de 2026, los equipos de MSF atendieron al menos 13,000 casos de sarampión en la región de Darfur, donde respondieron a seis brotes, especialmente en áreas con población desplazada.
MSF también subrayó los obstáculos para ejecutar campañas de prevención, entre ellos la escasez de vacunas, interrupciones en las cadenas de suministro y la falta de personal capacitado. A esto se suman los procesos burocráticos para importar dosis y los retrasos del Ministerio de Salud en validar brotes y aprobar planes de vacunación, lo que provoca que, cuando se autoriza la intervención, la enfermedad ya esté extendida.
Según explicó Miriam Alía, los recortes presupuestarios y las barreras administrativas impuestas por las partes en conflicto dificultan la llegada oportuna de vacunas y medicamentos esenciales.
Pese a estas limitaciones, la organización destacó que las campañas de vacunación han sido efectivas para contener enfermedades virales contagiosas, que pueden generar complicaciones graves e incluso la muerte, sobre todo en niños menores de cinco años.
No obstante, advirtió que estos avances no se mantendrán sin una inmunización constante. El debilitamiento del sistema sanitario, el difícil acceso a zonas remotas y la sobrecarga de los equipos móviles han reducido significativamente la cobertura desde 2022, dejando a muchos menores sin protección y aumentando el riesgo de nuevos brotes.









