El triste final de Pepillo Salcedo

Por Euri Cabral
Publicado el 20 sept 2026


Con el primer presidente del gobierno restaurador, José Antonio Salcedo (Pepillo), sucedió un hecho sorprendente y muy doloroso en la historia dominicana, que muestra lo perjudicial de las diferencias entre los líderes políticos, cuando no son bien canalizadas.

José Antonio Salcedo (Pepillo) fue presidente de la República Dominicana, aunque no nació en territorio dominicano. Vino al mundo en la ciudad de Madrid, España, en 1816. Desde muy jovencito, Pepillo Salcedo mostró un gran carisma y un valor fuera de serie, pero también exhibía un temperamento muy agresivo. Durante las luchas por la independencia nacional de 1844, participó en varios combates contra las tropas haitianas bajo el mando del general independentista José Desiderio Valverde. Estuvo presente en la batalla de Sabana Larga y en otros combates. Por su arrojo y valentía, logró alcanzar el grado de coronel en las luchas por la independencia nacional.

Cuando se produjo el llamado a la insurrección, conocido como el Grito de Capotillo, en agosto de 1863, para enfrentar la funesta anexión a España de 1861, Pepillo Salcedo se integró de inmediato al Ejército restaurador y jugó un papel de primer orden en los combates que se escenificaron en contra del Ejército español. Pepillo tuvo un papel muy destacado en el famoso cerco a la ciudad de Santiago de los Caballeros, que dirigió el general Gaspar Polanco, donde fue derrotado el general español Manuel Buceta. Esto contribuyó a que, cuando los patriotas se reunieron el 14 de septiembre de 1963 para elegir el presidente del gobierno restaurador, él fuera seleccionado.

Por sus condiciones de bravo guerrero, su capacidad y preparación, por su carisma, y por todo el valor que había demostrado en el campo de batalla, José Antonio Salcedo, mejor conocido como Pepillo, se convirtió en el primer presidente del Gobierno Restaurador. Sin embargo, la realidad que vivió como presidente fue muy difícil y complicada. En determinado momento decidió iniciar gestiones para firmar un pacto de paz con el Ejército español y envió una misión a discutir con los generales españoles las condiciones de ese pacto.

Los comisionados exigieron la salida de las tropas españolas del territorio nacional, pero el jefe militar español les dijo que no tenía autorización para tomar esta decisión. En consecuencia, la negociación terminó sin resultados positivos para los restauradores.

En ese momento ya se había formado una amplia conspiración en contra de su gobierno. Ante el fracaso en las negociaciones, destacados miembros del Gobierno restaurador, como Ulises Francisco Espaillat y Benigno Filomeno de Rojas, se sumaron a la conspiración. Ante las presiones, Pepillo Salcedo dijo que estaba dispuesto a renunciar, pero cometió un grave error al sugerir que su sustituto fuera Buenaventura Báez, el caudillo que había sido derrocado unos años antes y quien, por su marcado interés y sus acciones para anexar el país a los Estados Unidos, era visto con muy mala imagen por la mayoría de los líderes militares restauradores. En opinión de muchos historiadores, en ese momento Pepillo Salcedo firmó su sentencia de muerte.

Es así como el 10 de octubre de 1864, el presidente Salcedo es derrocado y hecho prisionero por un movimiento popular encabezado por Gaspar Polanco y apoyado por la mayoría de los jefes militares restauradores. El deseo inmediato de los que habían destituido a Pepillo Salcedo fue fusilarlo, acusándolo de traidor. Pero el héroe restaurador Gregorio Luperón se opuso, a pesar de que había tenido serias diferencias con el derrocado presidente.

El general Gregorio Luperón, una de las figuras más trascendentes del movimiento que restauró la independencia nacional después de la anexión a España, hizo ingentes esfuerzos para evitar el fusilamiento de Pepillo Salcedo.

De manera personal, Luperón trató de que Haití aceptara como exiliado político a Pepillo, lo escoltó y lo llevó a Juana Méndez, Haití. Sin embargo, por esas ironías de la historia, las autoridades haitianas se negaron a recibirlo como exiliado.

Se dice que los haitianos se negaron a aceptar la presencia de Pepillo Salcedo en su territorio, porque sospechaban de sus simpatías por Báez, quien entonces ostentaba el título de Mariscal de Campo de los ejércitos españoles, razón por la que los haitianos lo veían como un enemigo de la Restauración y, en consecuencia, de su soberanía.

Ante esta negativa, Luperón retornó a Santiago y lo entregó al Gobierno de Gaspar Polanco, pidiéndole que le respetaran la vida, pero la trama para matarlo ya había tomado mucho cuerpo. Pepillo fue engañado y se le trasladó a Guayubín con la supuesta intención de esperar una pequeña embarcación que lo llevaría a Puerto Blanco, hoy Luperón, para embarcarlo rumbo a Inglaterra.

Mas en ese lugar, fue a buscarlo el coronel Agustín Peña Masagó, que tenía la encomienda secreta del presidente Gaspar Polanco, de fusilarlo. Lo trasladaron al paraje Maimón, Puerto Plata, y al llegar allí Pepillo fue informado por el jefe de la escolta, que había una orden escrita, para fusilarlo en ese lugar. Pepillo Salcedo ni se inmutó. Él sabía que su destino estaba decidido. Con una muestra de valor extraordinaria, ni se quejó ni protestó.

La tarde del 5 de noviembre de 1864, en la playa de Maimón, por esas terribles ironías de la historia, fue fusilado el primer presidente restaurador José Antonio Salcedo, Pepillo, por razones que no tienen explicación ni justificación.

Euri Cabral

Economista y Comunicador

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