


Diversas conductas que parecen inofensivas pueden alimentar la inseguridad y obstaculizar el aprendizaje de recursos efectivos. Cómo modificarlo.
Identificar hábitos perjudiciales para la ansiedad, incluso aquellos que parecen ofrecer alivio rápido, es crucial para cortar el ciclo de malestar y buscar alternativas realmente efectivas, según especialistas en salud mental citados por SELF. Muchos comportamientos adoptados instintivamente solo brindan tranquilidad momentánea y, a largo plazo, intensifican el problema.
La Clínica Mayo, institución médica de referencia internacional, advierte que distintas estrategias pueden perpetuar los síntomas ansiosos y dificultar el aprendizaje de mecanismos de afrontamiento efectivos. De acuerdo con la entidad, aceptar la ansiedad como parte de la experiencia humana y emplear herramientas prácticas, como la exposición gradual y el manejo de pensamientos, contribuye a una recuperación más sostenible.
Psicólogos como la Dra. Lauren Cook, especialista en salud mental formada en la Universidad Pepperdine, y la Dra. Alicia Hodge, psicóloga clínica e instructora asociada en la Universidad de Maryland, advierten sobre cinco hábitos cotidianos que pueden agravar la ansiedad.
Uno de los hábitos más frecuentes es cancelar planes frente a situaciones incómodas. Aunque puede parecer una forma de autocuidado, Cook lo describe como un mecanismo de evasión clásico. Con el tiempo, evitar permanentemente estos momentos refuerza la tendencia a huir del malestar y fortalece la ansiedad.
Antes de rechazar compromisos, la psicóloga recomienda hacer una pausa y considerar si cumplir con ellos podría generar una sensación de logro, además de evaluar cuánto incomoda realmente la situación.
En segundo lugar, consultar internet compulsivamente en busca de respuestas inmediatas o certezas ante síntomas o preocupaciones puede ser perjudicial. Este comportamiento, detalla Cook, alimenta la hipervigilancia y contribuye a escenarios catastróficos en la mente. En vez de dejarse llevar por la ansiedad digital, la especialista aconseja recurrir a fuentes científicas y verificables para obtener datos y calmar la inquietud.

El tercer hábito es buscar constantemente la validación de amigos o del entorno. Hodge indica que esto genera una dependencia emocional y dificulta enfrentar la incertidumbre por cuenta propia. Recomienda tolerar la incomodidad durante algunos minutos, clarificar el motivo del temor y buscar varias explicaciones posibles, de tal modo que se reduzca el malestar sin depender de la opinión ajena.
El cuarto hábito corresponde al pensamiento mágico: creer que obtener un logro o recibir una respuesta deseada eliminará la ansiedad. “La ansiedad, y la vida, no funcionan así”, advierte Hodge.
Por ello, sugiere redirigir el control hacia aspectos gestionables, como involucrarse en proyectos propios o planificar tiempos y actividades, en lugar de esperar soluciones externas que no dependen de uno mismo.
Finalmente, el quinto hábito es perseguir la meta de eliminar completamente la ansiedad mediante técnicas de autoayuda, terapia o meditación, lo cual también puede ser contraproducente. Hodge recuerda que “no hay solución mágica” y que exigirse no sentir jamás miedo o nervios solo conduce a mayor autocrítica.
La Clínica Mayo, institución líder en investigación y asistencia médica, y la Asociación Americana de Ansiedad y Depresión (ADAA), principal organismo estadounidense en el abordaje de trastornos de ansiedad, coinciden en que la exposición gradual a situaciones temidas, la tolerancia al malestar y el acceso a información verificada resultan fundamentales para el tratamiento efectivo de la ansiedad.
Ambas entidades advierten que evitar sistemáticamente lo que genera temor perpetúa los síntomas, mientras que enfrentarlo de forma progresiva ayuda a disminuir la ansiedad con el tiempo.
La ADAA señala que “la aceptación y la acción sostenida suelen ser más útiles que buscar la eliminación total de los síntomas” e insiste en la necesidad de consultar con profesionales certificados para recibir un plan adaptado a cada caso.
Convivir con la ansiedad implica adoptar estrategias realistas y focalizarse en lo que está bajo nuestro control, como destacan las especialistas citadas por SELF, lo que facilita afrontar la incertidumbre y reducir la vulnerabilidad ante nuevas situaciones estresantes.









