Un estudio revela que los usuarios pagaron más a agentes de IA con apariencia masculina

Por Joerlin Rodríguez
Publicado el 5 oct 2026

Un estudio de la Universidad de Limerick encontró que las personas pueden tratar de manera diferente a los agentes de inteligencia artificial dependiendo de cómo se presentan, incluso cuando cuentan con las mismas capacidades.

En el experimento, los participantes estuvieron dispuestos a pagar alrededor de un 10 % más a un agente de apariencia masculina que a otro de apariencia femenina por realizar el mismo trabajo.

La investigación analizó la manera en que los seres humanos interactuaban con asistentes de IA dentro de un entorno laboral virtual. Para ello, 189 trabajadores participaron en una oficina de realidad virtual y colaboraron con cuatro tipos de asistentes diseñados para realizar distintas tareas.

Entre los sistemas evaluados había un chatbot de texto, un robot de escritorio y dos agentes virtuales con apariencia humana, uno masculino llamado Johan y otro femenino llamado Johanna. Los cuatro tenían la misma funcionalidad de base y utilizaban el mismo modelo de inteligencia artificial.

Johan y Johanna tenían las mismas capacidades

Después de completar las tareas, los participantes evaluaron el desempeño de los asistentes y recibieron dinero real para decidir cuánto pagarían a cada uno por el trabajo realizado. El mecanismo buscaba reproducir, dentro del experimento, una situación similar a la que podría producirse en un entorno laboral real.

Aunque las valoraciones generales sobre Johan y Johanna fueron parecidas, los investigadores detectaron una diferencia significativa en la recompensa económica. Tanto hombres como mujeres pagaron menos a Johanna que a Johan, pese a que ambos agentes tenían las mismas capacidades.

La diferencia fue de aproximadamente 10 %, mientras que Johan también fue considerado ligeramente más humano que su contraparte femenina. La percepción de mayor humanidad, sin embargo, no siempre coincidió con las declaraciones de los participantes.

La mayoría de las personas consultadas aseguró que no trataría de manera diferente a un agente de IA masculino o femenino. Los resultados del experimento mostraron, no obstante, que esa percepción declarada no necesariamente coincidía con su comportamiento al momento de valorar y recompensar el trabajo.

Los agentes con apariencia humana generaron mayor confianza

El estudio también encontró que los agentes con aspecto humano generaron más confianza y recibieron mejores valoraciones que las alternativas con apariencia menos humana. Tanto Johan como Johanna fueron considerados más humanos que el chatbot y el robot de escritorio.

Las mujeres que participaron en el experimento mostraron, en particular, una mayor tendencia a confiar y recompensar a los agentes de apariencia humana que los hombres. Uno de los participantes explicó que la presencia de Johanna le hacía sentir que estaba trabajando junto a una colega y que sus aportes provenían de una persona con quien mantenía una conversación.

Los investigadores también observaron que el diseño del robot, ubicado entre una apariencia completamente humana y otra claramente artificial, fue menos atractivo para los participantes. Los resultados apuntaron así a una preferencia por asistentes que parezcan claramente humanos o claramente no humanos.

El estudio cobró relevancia en un momento en que los agentes de IA comenzaron a incorporarse con mayor frecuencia en los espacios laborales.

Sus autores plantearon que estos sistemas tendrán que integrarse de manera natural en las actividades de conocimiento para resultar realmente útiles, al tiempo que su diseño deberá considerar cómo las características humanas pueden influir en la confianza, percepción y recompensa que reciben.

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